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Felices fiestas y próspero 2016 - Período vacacional de invierno en la Universidad de Guadalajara

19 de diciembre de 2015 y reanudando actividades el 7 de enero de 2016

Periodo vacacional de invierno 2015El espíritu navideño en la literatura

Todos podemos reconocer al señor Scrooge o al Grinch como personajes gruñones que no disfrutan o incluso que no creen en el espíritu de la Navidad. Scrooge, según nos cuenta Charles Dickens, había pasado privaciones en su niñez, eso lo llevó a acumular dinero y descuidar sus relaciones personales hasta llegar a decir “Pffua! ¡Navidad, paparruchas!”. El Dr. Seuss, autor de El Grinch nunca nos dice el motivo exacto de su amargura “Tal vez tuviera un tornillo mal ajustado, tal vez llevara un zapato demasiado apretado, aunque yo creo que el verdadero motivo, es que tenía el corazón dos tallas encogido”.

La literatura mundial tiene tantos ejemplos relacionados con la época navideña que han llegado a constituir un subgénero. La mayoría de las obras, novelas, teatro y hasta poesía, tienen en común la nostalgia y la reflexión; casi todos creen en la buena voluntad pero hay espacio para el cinismo. Algunos escritores como Truman Capote en Recuerdo de Navidad, usan sus propias evocaciones de infancia; otros como Ray Bradbury en Cuento de Navidad tratan de imaginar la fiesta en un cohete espacial; Vladimir Nabokov, lo pone en el contexto de una pugna entre escritores, Guy de Maupassant en Historia de Navidad le da un toque de misterio con una mujer envenenada o embrujada con un huevo. Anton Chehov por su parte retrata las incómodas visitas de cortesía en Un suplicio de año nuevo mientras Gabriel García Márquez cuestiona los sentimientos de los cristianos en Estas navidades siniestras.

Para los cristianos, en todas sus vertientes, la lectura primordial es La Biblia; tres de los cuatro evangelistas en el Nuevo Testamento hacen un relato de la Navidad. Se puede así elegir entre Juan de un estilo filosófico:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios/ Este era en el principio con Dios (…) Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Mateo que hace un estudio genealógico:

 “Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram (…)”

O Lucas que hace una narración lineal, muy apropiada para las lecturas de Nochebuena:

 “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”.

 

La novela mexicana más conocida sobre estas festividades es Navidad en las montañas escrita por Ignacio Manuel Altamirano en 1871. Altamirano fue además de periodista y escritor, un abogado y político muy destacado durante la época de La Reforma. En Navidad en las montañas, se encuentran un 24 de diciembre, en un pueblo perdido en la sierra un capitán liberal ateo y un cura español. Altamirano retrata, con cierto grado de ingenuidad, el aparente conflicto entre ambos y concluye que la inteligencia y buena voluntad pueden resolver las diferencias.

La tradición mexicana tiene su forma característica de relato navideño en las pastorelas. Pequeñas obras teatrales que escenifican la lucha entre el bien –representado por los pastores y los ángeles- y el mal –el diablo que pone tentaciones y obstáculos a los pastores-. Aunque hay pastorelas tradicionales –la más conocida es La noche más venturosa, escrita por José Joaquín Fernández de Lizardi en 1817 y aún se representa por compañías bien establecidas- es común que los grupos teatrales adapten una pastorela para introducir personajes y sucesos de actualidad.

Uno de los textos más reproducidos en los Estados Unidos en esta época es la carta con la que un editorialista de The New York Sun contestó a una lectora de 8 años en 1897. La niña preguntó al periódico si existía Santa Claus, la respuesta –vigente 118 años después- ha ayudado a muchos padres a dirimir la cuestión y su comienzo “Si Virginia, existe Santa Claus” es multicitado en esta época.

Aunque en su forma literaria es poco popular, todos conocemos la narración de El cascanueces gracias al ballet compuesto por Piotr Illich Tchaikovsky en 1891. El cuento original El cascanueces y el rey de los ratones, fue escrito en 1816 por el escritor alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, pero la adaptación del ballet se hizo a partir del texto modificado por Alejandro Dumas. En él, una jovencita ayuda dentro de un sueño, en la lucha contra los ratones para liberar al reino de los confites.

Ebenezer Scrooge y El Grinch convencidos por los fantasmas, el inconsciente o sus vecinos reflexionan sobre su egoísmo y se unen a la celebración; el capitán y el cura hacen amistad en las montañas; todos aprenden la lección, cambian antes del final de sus respectivas historias, de que sea demasiado tarde. Todos merecemos la redención, ese es el espíritu navideño en la literatura y en la vida. 

Enlaces de interés

Créditos

  • Texto: Lucy Virgen
  • Ilustración: Marco Sierra

​CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión.

Fecha de publicación: 
Viernes 18 de Diciembre de 2015
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