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22 de agosto de 1920 - Nace el escritor Ray Bradbury

Hace muchos años, un viernes de otoño al inicio del año escolar, cuando yo tenía 12 años, mi maestro de inglés, el Sr. Villalobos nos pidió que leyéramos las Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Como todos mis compañeros, tomé el libro con flojera, y me dispuse desganado a leerlo. Esa fue la primera vez que me senté a leer un libro de corrido, no lo solté hasta terminarlo el domingo.  Desde entonces he vuelto a Las Crónicas marcianas periodicamente a lo largo de mi vida y cada vez leo en él  cosas diferentes.  A primera leída, las Crónicas marcianas es un libro de ciencia ficción, una colección de cuentos cortos sobre una imaginaria colonización de marte; narra la vida que los colonizadores dejan atrás, las dificultades de adaptarse al nuevo planeta, los encuentros y desencuentros con los marcianos. A  los doce años esa desbordada fantasía, la posibilidad de un mundo donde hubiera cohetes a Marte, mundos por conquistar, dispositivos que respondieran a la voz para ajustar la temperatura de la casa o cocinar la cena para los colonizadores abría la posibilidad de vivir en esos mundos futuristas, lejos de mi aburrida infancia.

De ahí pase a devorar todo lo escrito por Bradbury . Leí sobre la máquina de partos del futuro que había abierto un puente interdimensional en El niño del mañana, de los tatuajes que cobraban vida en El hombre ilustrado, del vino del estío, poción milagrosa que cura los pesares del invierno  y la institutriz  androide que trata de ganarse la confianza de una niña  llamándola con variaciones de su nombre “Agatha-Agamenón-Alcibíades-Adegra-Alexandra”.  Todas historias fantásticas, que debajo del exterior reluciente, hablan de lo mejor del espíritu humano

Hace 96 años, un 22 de agosto, nace el prolífico contador de historias de ciencia ficción, fantasía, horror y misterio Ray Douglas Bradbury,  uno de los autores más leídos de su generación.

Bradbury nace en Waukegan, Illinois, hijo único de Esther Moberg, inmigrante sueca y de Leonard Spaulding Bradbury, trabajador de la compañía de luz y fuerza. Waukegan es una pequeña ciudad del medio oeste norteamericano, localizada en la ribera occidental del lago Michigan, con apenas 19,000 habitantes en 1920 y cuyo lema es “Una comunidad de Illinois, amiga de las artes”.  Era el lugar ideal para que un muchacho solitario creciera descubriendo y cultivando su amor por la lectura y la escritura; el descubrimiento de los que nos apasiona, nos mueve y con suerte dicta el camino de nuestra profesión se forja día a día.  

Cuando tenía nueve años, a pesar de ser un fan apasionado, Bradbury dejó de recortar del periódico las historietas de Buck Rogers, valeroso explorador espacial, porque sus compañeros del cuarto grado se habían burlado de él, le decían “ Buck Rogers no es importante, ese futuro no llegará”. Enojado, el joven Ray, rompió toda su colección de recortes.

Semanas más tarde, una noche despertó llorando. Analítico para su corta edad se preguntó: “¿Por qué lloró, quien murió?” Su respuesta fue, “Yo morí, y muero porque destruí el futuro, por creer en estos tontos.” Su solución, valerosa para todos los que entiendan lo que significa enfrentarse a los compañeros de cuarto año, fue reiniciar su colección de recortes y ser fiel a sus sentimientos.

Mientras su padre busca empleo, Bradbury crece mudando de residencia de Waukegan a Tucson, Arizona, de vuelta a Waukegan, y finalmente se establecen en Los Angeles, California, la ciudad que llamará suya el resto de su vida.  En los Ángeles, a los 14 años, Bradbury conoce a la primera de muchas celebridades con la que entablará amistad, George Burns, estrella cómica de radio, quien le da su primer trabajo como escritor. Bradbury dedica hora tras hora leyendo en la biblioteca pública a autores como H.G. Wells, Julio Verne, Edgar Allan Poe, los libros sobre marte de John Carter, que memorizó en su totalidad, y las historias de Tarzán de los monos de Edgar Rice Burroughs.

Acompañado por su amor por las historias fantásticas devoradas con avidez, sus propias historias de crecer viendo clásicos de horror con su madre en el cine, de quemar fuegos artificiales a la orilla del lago y de volar globos de cantolla con su abuelo, de soledad y nostalgia van formando a un escritor que podía entretejer lo fantástico con lo humano.

Al terminar la preparatoria Bradbury no va a la universidad, es la época de la depresión y no puede pagarse los estudios superiores. Obtiene su educación superior asistiendo a la biblioteca pública, a donde asiste tres veces por semana durante diez años. Su pasión por los libros le permitió también conocer a la que fuera su esposa, Marguerite McClure, quien trabajaba, claro, en una tienda de libros.

En 1949, con su esposa esperando la primera de sus cuatro hijas, Bradbury va a Nueva York, buscando un editor que publique sus cuentos cortos. Recibe rechazo tras rechazo y casi a punto de volver a los Ángeles, Walter Bradbury, editor de Doubleday y sin parentesco con Ray, le sugiere tomar varias historias y reunirlas en un libro bajo un tema común, y hasta le sugiere un título, “Crónicas marcianas”. Tras escribir un borrador del libro durante la noche, recibe de Doubleday un anticipo de setecientos cincuenta dólares.  De ahí le siguieron varias novelas, principalmente, Fahrenheit 451, El vino de estío, La feria de las tinieblas,  El árbol de las brujas, La muerte es un asunto solitario, Cementerio para lunáticos, Sombras verdes, ballena blanca, Matemos todos a Constance y El verano de la despedida.

Tal vez la novela más famosa sea Fahrenheit 451, la historia de un futuro sombrío, donde las casas son incombustibles, las personas han perdido el sentido de lo afectivo, el arte no existe y la sensualidad es negada, donde los libros y la lectura están prohibidos y los bomberos se dedican a quemar libros, en vez de apagar incendios. El título, es la temperatura a la que el papel arde de manera espontánea.

Bradbury escribe de forma constante, siempre confiando en sí mismo, cultivando amistades y relaciones en Hollywood que le abrieron las puertas a prácticamente todos los medios del momento. Publica cuentos cortos, antologías, obras de teatro, cine, incluyendo la adaptación de Moby Dick, episodios para televisión del show de Alfred Hitchcock y Dimensión desconocida, literatura infantil, poemas, lectura de audiolibros, e incontables artículos para revistas. 

Bradbury viajó por todo el universo en su imaginación, llevándonos de acompañantes y sin embargo, no le gustaba viajar por medios convencionales. Detestaba volar, y nunca obtuvo una licencia de manejar, cosa inimaginable en California.

Tras escribir, pero sobre todo, disfrutar escribiendo toda su carrera, Ray Bradbury muere en los Ángeles el 5 de junio de 2012 a los 91 años de edad. El epitafio en su tumba en el cementerio de Westwood lee: “Ray Bradbury. Autor de Fahrenheit 451”.

Aunque no he leído a Bradbury recientemente, con el paso del tiempo me he vuelto más cínico, más desconfiado del futuro, no me atrevo a enfrentar al perenne idealista, que siempre creyó, con la inocencia del adolescente que abre sus ojos al mundo, que el futuro nos traería cosas maravillosas. Aunque en el fondo de mi alma, sigo esperando que Bradbury tenga razón.   

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Créditos

  • Texto: Luis Villa- Ingeniero especialista en video de alta velocidad, emprendedor egresado de la UdeG./li>
  • Ilustración: Raúl Alejandro Dávila

CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión

Fecha de publicación: 
Lunes 22 de Agosto de 2016
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