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21 de septiembre de 1918 – Centenario del nacimiento del escritor jalisciense Juan José Arreola

Ilustración dedicada al escritor de Zapotlan El Grande

Un cuerpo claro se desplaza limpiamente en el cielo.
Usted enciende sus motores y despega vertical.
Ya en plena aceleración, corrige su trayectoria y se acopla con ella
en el perigeo.
Juan José Arreola (1971)

Las montañas, la tierra que reclama espacio para dejar salir el fuego que arde en sus entrañas, vieron nacer al maestro de las letras mexicanas, Juan José Arreola. ¿La fecha? El 21 de septiembre de 1918. A Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán, Jalisco) llegó el poeta que mostró al mundo entero no solo un estilo, sino una concepción de la creación misma, aquel que nunca caerá en el olvido, decía Jorge Luis Borges; el último juglar de las palabras se hizo presente comenzado el siglo XX.

Los primeros años de su vida, Arreola los pasó en la entraña familiar, en Zapotlán el Grande, donde la Guerra Cristera acechaba. Esta situación lo llevó a ser aprendiz de encuadernador en una imprenta, en donde la semilla de creador inició su crecimiento. Enlazó su recién oficio con el séptimo arte, pues tuvo su primer acercamiento con el llamado “Cinema Tour”: proyecciones en movimiento sobre los rieles del tren.

En ese tiempo, Juan José conoció la vida de otros. Se enfrascó en la exploración de posibles escenarios; esta inquietud, indudablemente, lo impulsó a emigrar a la capital del país, donde se concentró en la dramaturgia. El destino de Arreola lo llamó, con todos los sueños a cuestas y sin más presupuesto que lo recaudado con la venta de su máquina de escribir y un antiquísimo fusil. Con 18 años cruzó 1936.

Entonces, inicia la obra, el preludio se dio desde luego en el teatro con Rodolfo Usigli; sin duda, el dramaturgo mexicano le enseñó a Juan José no solo las luces del teatro, sino también las sombras. La formación como corrector y traductor se dio tiempo después en el Fondo de Cultura Económica; el poeta contaba que fue su universidad.

Arreola encontró el amor en los ojos de Sara Sánchez Torres, en ellos vio el reflejo de su propia alma. Como testigo de su devoto amor, están las cartas que Arreola le escribió a Sara en el libro Sara más amaras. Cartas a Sara publicado en 2011.

Un par de años después de su matrimonio con Sarita, y con la voracidad de un titán, Arreola dio a luz a Varia invención de 1949; aquel trabajo plantó toda una corriente, se amparó en los versos del poeta y dramaturgo del Siglo de Oro, Luis de Góngora, para bautizar su primer título. Con la evocación de Góngora, dejó la tradición como base del porvenir creativo, aquel que se aferró a la imaginación y actuó en diversos géneros literarios. Finalmente, los límites irrumpen en la armonía de la expansión creativa.

Fructífero como creador al explorar el ensayo, la prosa, la poesía, la oralidad y la actuación, se encuentra Tercera llamada ¡tercera! O empezamos sin usted de 1971, donde sin querer los actores y las grandes didascalias evocan al dramaturgo Samuel Beckett, en sus extraordinarias obras teatrales. Dentro de la obra del jalisciense, es imposible dejar de lado a Confabulario de 1952, donde previamente se puede notar un guiño al absurdo con el cuento El guardagujas. Imposible olvidar las enseñanzas que le dejó Rodolfo Usigli, con la exploración de los sentidos que ofrece el teatro. Finalmente, las inquietudes artísticas de Juan José se ven permeadas por el teatro; expresión que acerca al hombre a una posible catarsis, y el autor puede contemplar detrás o sobre el escenario, ese rayo de luz que brindan los dioses.

La obra del tapatío está fragmentada, pues así entregó su alma, destellos breves de luminosidad dejó el juglar a su paso. No existe mayor expresión del arte escrito que la poesía. Arreola decía que la poesía legitimaba la condición del hombre; la diestra habilidad lingüística se deposita en Kalenda Maya, recopilado en Obras de J.J. Arreola. En Bestiario de 1981 presenta la fiesta: el cambio de los cuerpos, el físico mengua, la juventud vista como la ingenuidad de los actos y la precaución ante los “maléficos ángeles del sueño”. Arreola, como todo un explorador del lenguaje, camina a los posibles rostros de una celebración. Resulta asequible pensar en la condición de manifestar una visión del campo a lo urbano, de lo terrenal a lo onírico; esos saltos, esa danza, solo es posible encontrarla en Arreola, quien logró encapsular el lenguaje, transformarlo, hacerlo propio y mostrarlo al goloso lector, ansioso por otro fragmento de alma.

En la obra de Arreola no hay línea que sobre o falte, es por ello que no se manifiestan novelas de largo aliento en el jalisciense, ya que éste se ampara en la fragmentación, cada palabra está medida. Junto a Vicente Rojo, quien realizó las diminutas viñetas entre una voz y otra, el “Gran mago” entregó La Feria de 1963, su trabajo más cercano a una creación novelada, por lo que es ineludible pensar en Guillermo Cabrera Infante con Tres tristes tigres de 1967. Por su parte, Arreola atestigua la oralidad de un pueblo; aquellos fragmentos de memoria expresan la idiosincrasia de Zapotlán el Grande.

Una situación lúdica se presentó al interpretar el papel de maestro en Bestiario de 1972, mismo que se concibió a dupla; las ilustraciones a cargo de Héctor Xavier con la técnica punta de plata, y la exquisita prosa de Arreola. Sin embargo, las ilustraciones estaban listas, pero la prosa sufría un retraso, por lo que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –responsable de la edición– mandó al jovencísimo José Emilio Pacheco para ayudar al maestro con la salida de los textos. Sarita lo recibió gustosa y amable. Sin más, Arreola se recostó e inició el dictado; el Bestiario nació en la oralidad –Borges recurrió a esta técnica cuando la vista lo abandonó por completo–, y una semana después estaba listo.

Cómplice de su esposo, Sarita ya esperaba al joven estudiante con el refrigerio listo. La publicación se dio antes de finalizar 1972; los textos no llegaron tarde, llegaron justo en el momento que tenían que llegar, no se podía apresurar el nacimiento pues las historias, la poesía, llegan, hablan, se instauran y entonces nacen.

El final de 2001 se acercaba y el juglar caminó el mismo rumbo, la gran obra se terminó. Se envolvió en su capa, inclinó el sombrero y dijo adiós con la solemnidad y jocosidad que merece la vida, el 3 de diciembre. Los golosos lectores recordamos al maestro leyendo, compartiendo; somos los intérpretes de la creación del jalisciense, hoy que se cumple el primer centenario de su nacimiento.  

Ilustración dedicada a Juan José Arreola

Créditos

  • Texto: Isabel Juárez-Vallarta
  • Imagen: Raúl Dávila

CGTI - Unidad de Desarrollo de Procedimientos y Apoyo a los Sistemas de Gestión.

 

Fecha de publicación: 
Viernes 21 de Septiembre de 2018
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