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Leche materna influye en conductas alimentarias

  • Madre Jovén sentada en mecedora, amamantando a su bebe.
Estudio de la UdeG revela que niños alimentados con fórmula láctea tienen más probabilidad de rechazo a los alimentos cuando están enojados

Comer más o menos influenciado por las emociones está relacionado con el hecho de si en la infancia fuiste alimentado o no con leche materna, revela un estudio de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
 
Aunque las conductas alimentarias están reguladas por diversos factores como el psicológico, también se relacionan con la alimentación que se tuvo en la etapa lactante, así lo comprueba la maestra Alethia Guadalupe Mariscal Rizo, adscrita al Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), con la investigación titulada “Diferencias entre conductas alimentarias de preescolares que recibieron lactancia materna completa y preescolares que recibieron sucedáneos de la leche humana”.
 
El objetivo del estudio fue demostrar diferencias en las conductas alimentarias entre preescolares que recibieron lactancia materna completa, y preescolares alimentados con sucedáneos de la leche humana o fórmula. 
 
Los resultados se obtuvieron mediante la aplicación de un cuestionario de conducta alimentaria en niños, desarrollado en Londres y adaptado para la población mexicana.
 
El trabajo de campo se desarrolló en 2012, con 177 preescolares de 3 a 5 años de edad que habitan en Tlaquepaque, Guadalajara y Zapopan.
 
La muestra se dividió en dos grupos: el primero se conformó por niños que en sus primeros cuatro meses de vida fueron alimentados por leche materna, y el segundo con niños que se les alimentó con fórmula, durante el mismo periodo.
 
“Los niños que recibieron fórmula comían menos por una cuestión emocional. Esto quiere decir que cuando se encontraban enojados, tensos o irritables, a la edad de cinco años, rechazaban más fácilmente los alimentos, dejaban de comer; los niños que recibían leche materna, aunque comían un poco más lento, no dejaban de comer”, dijo Mariscal Rizo.
 
El que un niño deje de comer influenciado por alguna emoción, enfatizó la investigadora, es una señal de alarma.
 
El trabajo de investigación evidenció la frecuencia de que las madres puedan amamantar a sus hijos. Los resultados fueron los siguientes: en primer lugar, las amas de casa; en segundo, las profesionistas y comerciantes independientes, mientras que las empleadas resultaron con menos frecuencia de dar leche materna durante, por lo menos, los primeros cuatro meses.
 
Sin embargo, la recomendación que hace la Organización Mundial de la Salud (OMS) es ofrecer la lactancia materna durante los primeros seis meses de vida del niño y puede extenderse hasta el segundo año de vida.
 
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2012) en México, el 85.6 por ciento de los bebés son alimentados con fórmulas artificiales a través del biberón, aun cuando solo dos de cada 100 lo requieren.
 
Debido a la complejidad que supone la conducta alimentaria, Mariscal Rizo continúa con estudios relacionados con los resultados anteriores, de los que espera obtener una nueva investigación de doctorado sobre cómo las emociones afectan la conducta alimentaria.
 
 
A T E N T A M E N T E
"Piensa y Trabaja"
Guadalajara, Jal., 1 agosto de 2017

 
Texto: Dania Palacios
Fotografía: Fernanda Velázquez

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